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...

Hoy he recomenzado. Como lo hice ayer. Y el día anterior a éste también.
Porque el mes de diciembre para mí ha terminado un veintiocho. Porque este 2025 para mí terminó esa mañana del día de los inocentes. Y cómo me hubiese gustado que alguno me dijera "que la inocencia te valga", que todo hubiese sido una broma, de mal gusto, exagerada... pero no. Fue realidad. Es real.
Y allí terminó.
Terminó un diciembre frío. Terminó un año agotador. Terminó una lucha desigual. Terminó tu dolor... y terminó mi vida.
Y no estoy diciéndolo de una forma trágica, melodramática o shakespeariana. Sino que mi vida como la conocía se fue con vos y ese último respiro.

Hoy recomienzo, aunque no sé cómo hacerlo. No sé cómo juntar los pedazos y volverme a armar.
Y es que me siento tan sola sin tu mano que me sostiene. Tan frágil sin tus (a)brazos para protegerme.
¿Cómo puedo volver a caminar sola cuando fue a tu lado por 33 años?



Elijo pensarte, recordarte así... mirada pícara, expresión de quien se sabe y me sabe...
Dicen que no hay certeza más absoluta que la muerte... pues yo tengo algunas otras.
Que con vos se fue el Amor, ese que se escribe con mayúscula; no hablo de enamoramiento, ni de atracción, menos que menos de calentura... sino de esa otra cosa que se siente y no se explica; de putearse y al instante siguiente quedarse sin respiración al temor de que el otro te falte; de no dudar un segundo en cambiar su lugar... yo hubiese dado mi vida por la tuya... porque sé que nadie me ha amado tanto como vos, ni nadie lo hará jamás.
Eso era lo que teníamos y que vos te llevaste esa mañana.

Hoy tengo que recomenzar. Y mañana lo haré. Y luego de mañana seguramente que también. Y así, día tras día hasta que aprenda el cómo... hasta que volvamos a encontrarnos. Porque lo nuestro tuvo un inicio pero estoy segura que no tiene fin, y ésta es otra de mis certezas.




[Quisiera disculparme por no haber respondido a los correos y mensajes varios, no he tenido fuerzas...
me he quedado sin palabras, sin voz...
en algún momento lo haré, prometido...
gracias de todos modos, por estar a pesar de mis silencios.]
Quisiera borrar el día del almanaque, como si ese estúpido gesto me haría no pensar(te).
Quisiera poder llamarte por teléfono para desearte un feliz cumpleaños, que me contaras qué te hiciste de comer para la ocasión y decirte de todo porque seguramente no fue una gran idea.
Quisiera oír tu voz otra vez y no en una grabación de las que ya tengo gastadas.
Quisiera caminar por la playa a tu lado una vez más, que el mar nos moje los pies y reírnos, reírnos mucho.
Quisiera que este vacío que tengo en el pecho se volviera a colmar; que estas lágrimas dejaran de rodar por mi cara; que mi cabeza no pensase a todo lo que no fue ni podrá ser, para sólo retener todo lo que sí hicimos, vivimos juntos...
Quisiera... quisiera tanto que todavía estés acá, porque el mundo, mi mundo, ya no es lo mismo sin vos...

...y hoy me jode mucho tu ausencia.
M de Marina...
y aún me cuesta nombrarte sin llorar.

M de mañana...
donde te prometo que volveré a sonreír.

M de mierda...
porque hoy sigo pensando que es todo una puta mierda.




No lo logro.
No puedo pensarte y no llorar.
Lágrimas por no poderme explicar porqué; por pensar una y mil veces a lo que te quedó, nos quedó pendiente; a todos los "y si hubiera...". Lágrimas que son como gotas de memoria cruzándome la cara
Es verdad que la vida sigue; que sonrío y deseo que lo hagan todos los demás que tanto quiero... pero si pienso... aún me enojo al no encontrar las razones. Porque sí, si pronuncio tu nombre, admito que me entra una rabia... me enfado con la vida, con el dios de algún otro, con aquello que algunos llaman destino. Y no sé si algún día encontraré estas razones, no sé si ellas me bastarán, no sé si podré perdonar tu prematura partida.
Hoy te pienso como siempre, más que nunca.
Hoy la memoria me juega una mala pasada.
Hoy me vuelvo a abrazar a tu recuerdo.
Hoy te sigo amando como el primer día.

(16/11/1992 -Marina- 09/01/2019)
No tengo miedo a la muerte... vivo plenamente cada instante con la consciencia que podría ser el último, y con el positivismo que así no sea.
No tengo miedo a ningún animal; aunque algunos no me simpatizan... pero no me subo a una silla gritando cuando veo un ratón o una cucaracha... y a otros más peligrosos no creo cruzarmelos en la vida, seguro no los iré a buscar.
No tengo miedo del agua, aunque tampoco quisiera quedarme naúfraga en medio del océano.
No tengo miedo del fuego, sí muchísimo respeto.
No tengo miedo a las alturas, aunque en algunas situaciones he sufrido vértigo... pero me encanta viajar en avión, por ejemplo.
No tengo miedo a la oscuridad, y mucho menos a la soledad.
No podría puntualizar algo concreto, objeto o situación que me produzca miedo, a excepción del sufrimiento.

Ese es mi gran miedo: sufrir. Podría dar ejemplos muy concretos en los cuales este miedo me ha llevado a situaciones extremas; y más de uno me diría que es obvio, hasta natural, lo que siento... que a nadie le gusta sufrir, pero en mí es algo que me paraliza.

¿El por qué de este miedo? ...ni idea, nunca lo he analizado. Creo que como todos los miedos es algo irracional, no tiene una explicación lógica... se siente y basta. Podría justificarlo diciendo que he visto sufrir, demasiado en mi opinión, a una de las personas más importantes de mi vida; y que a partir de ello nada fue igual. Pero aún así no lo sé... la única certeza que tengo es que me aterroriza el dolor físico, el sufrimiento.


(¿Cuál es tu mayor miedo? ¿Por qué?)

Mañana habrá pasado un mes, y al sólo pensarte me cuesta respirar... tengo un agujero en el pecho, y aún así el aire se resiste a entrar y salir de mi cuerpo.

Sólo un mes, de cuando la vida me golpeó de frente, de lleno, sin darme tiempo para prepararme al impacto, sin aviso previo.

Me siento delante del portátil, para intentar quitarme este peso que siento dentro. La impotencia. Esa angustía que me cierra la garganta como si fuera presa de un puño. Tomo mi agenda, y en esos días sólo hay espacios vacíos, las palabras se me quedaron atoradas dentro.

Lo único que sé es que no deberíamos sobrevivir a nuestros hijos... ni a nuestros sobrinos.

Siempre he hablado de disfrutar el momento, de vivir cada instante con intensidad, porque es único, porque no se repiten... pero esta vez siento que me faltaron tantas cosas... tantas cosas por hacer con vos... tantas cosas por decirte.

Por las noches, todavía cierro los ojos, dejo que el sueño me venza... y cuando despierto, por un segundo, creo que todo fue una pesadilla... pero no. Y quiero volver a ese abrazo fuerte de cuando llegué a Buenos Aires; vos sí que sabías abrazar... con ganas, con tanto amor. Volver a ese "te quiero" dicho porque sí, porque así lo sentías, mientras apoyabas tu cabeza en mí y mi mano te acariciaba la cara... Quiero volver a todo eso porque me faltó decirte más veces todo lo que te amo; porque necesito sentir tus manos otra vez sobre las mías; porque quisiera escucharte decir que soy la tía más loca que tenés, pero que no me preocupe porque vos sos igual...

Tengo tantos instantes guardados en la memoria... Tantos recuerdos... 26 años de vida compartida... Pero no son suficientes, en mi consciente egoísmo quiero más... necesito más tiempo con vos.

Ahora te pido que me des la fuerza para seguir, para sanar este vacío enorme que me ha quedado en el alma... que tu luz, esa que tenía tu mirada, tu sonrisa, continúe alumbrando mi camino.

Baila mi vida, el cielo es tuyo. Te amo. Te abrazo... hasta que volvamos a encontrarnos.