Son días "particulares"... y este concepto italiano para definir lo que se nos hace difícil hacerlo, hace que sonría mientras escribo.
Ha pasado el "Día de la Mujer" y continuo a pensar que nunca me acostumbraré a esto de un "día" para celebrar, homenajear, valorar a alguien. Obviamente recibí las imágenes por whatsapp de siempre, con las flores y las felicitaciones... algunas de esas frases hechas y que más pasan los años, más lejanas siento. Y sé que no me haré querer, pero me niego, me niego a festejar un día, y todos los demás como si nada. Me niego a ponerme en la posición que tanto se dice detestar. No me pondré del lado que estoy criticando, nada justifica la violencia hacia el otro, por más que el otro sea "hombre". Pienso a esa cita de Nietzsche:
"Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo."
Y también llegó la noche y el lunes... y el caos y el miedo.
Entonces lo ví, lo miré a los ojos. Ví a ese hombre, al macho, al 'enemigo' según algunas, y lo ví asustado... pero no por él, sino por sus mujeres, por no poder ser pilar y sostén, por ser justamente él, el anillo débil de esta cadena... y tomé su mano y sonreí. No creo en unas contra otros. Ni lo quiero. Deseo un juntos. Sin tener que prevalecer, sin imposiciones ni supremacías de ningún tipo.
Y aunque no sea de modernas feministas, hice como mi abuela, que aún llevando falda era quien llevaba los pantalones... levanté la cabeza, enderecé mis hombros, me sujeté el pelo y el delantal a mi cintura y me dispuse a cocinar la receta que nunca falla... serenidad, lo que deba pasar, sucederá. Ni vencedores ni vencidos, porque si pierden, perdemos todas; si ganamos, lo haremos solamente todos juntos.
(Reflexiones, tal vez algo confusas, en una tarde cualquiera...)