Mostrando las entradas con la etiqueta personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta personal. Mostrar todas las entradas

Para ser sincera, no soy una que hable públicamente de política; de hecho en los últimos años no lo hago ni siquiera en privado... sólo si conozco muy bien y considero un amigo a quien tengo delante. Sino, directamente dejo pasar. No me interesa comentar ni cambiar opiniones; no quiero convencer a nadie de nada, y tampoco quiero que me vendan ninguna moto.

Así y todo, también en todos estos años que vivo en el exterior, alguno se ha sentido con el derecho de subirse a algún pedestal e impartirme "clases", de vida, de fe, de política, de filosofía... (de esta última, si supieran, pensaran y reflexionaran un poco más y hablaran un poco menos, sería fantástico); como si el hecho de vivir afuera me prohibiera automáticamente el derecho de opinión sobre el sitio que me vió nacer y crecer. O como si por este simple motivo, yo fuera ajena a esa realidad que dejé en la otra orilla. Pero, como leía los otros días en un blog amigo que admiro, el sentido común es el menos común de todos los sentidos... y por mis tierras, una vez más, han dado sobradas muestras.

Creo que la distancia, el conocer y vivir otras realidades, otras costumbres, no sólo te abre la cabeza, hace que te replantees tantas cosas, sino que te hace ver todo desde otra perspectiva... y desde ahí es más fácil distinguir cuando te quieren cambiar el oro por espejitos de colores...


Y como éste es mi espacio, y no le falto el respeto a nadie, escribo lo que pienso y siento... y al que no le guste, hace a menos de comentar y amigos como siempre, porque repito, no busco polémicas ni nada, sólo sacarme una piedra del zapato, una piedra llamada decepción... y que, lamentablemente y con dolor, trajo a mi memoria esta escena que cada vez comprendo más.