Tanto... tal vez demasiado;
tan acostumbrada a ser (la) fuerte que a veces temo confundirlo con orgullo,
porque cuando he abierto la coraza me han herido.
Y me convierto en juez y verdugo
de mí misma...
me condeno sin derecho a defensa
convenciéndome que debo estar mal hecha.
Me rompo pero sigo...
me coloco una sonrisa que evita preguntas.
No pido. Nada.
Porque... ¿y si no pudieses dármelo? o peor, ¿no quisieras?
Y entonces llegas
sin decir(me) nada
y simplemente... me abrazas.

Y soy... duermo contigo y soy.